viernes, 14 de septiembre de 2007
Polaroid
Esta mañana, apuradísima porque la conchuda línea B tuvo demoras por quinto día consecutivo (prácticamente no recuerdo que alguna vez haya funcionado bien esa línea del orto y la puta que los parió a todos los de Metrovías), salí reconfortada de ese agujero inmundo e infernal, caminé algunos pasos esquivando gente hasta que lo divisé a él, que como todos los días estaba durmiendo al costado de una entrada de edificio que hay en Callao y Lavalle. Sus pies mugrientos, el pelo grasoso y la ropa rota y sucia no me llamaron la atención (ya son parte del decorado diario) pero no pude evitar sorprenderme cuando, al pasar sigilosamente por su lado para no despertarlo, observé que se estaba castigando con una concentración zen que cualquier budista envidiaría. El brazo agitándose y el cuerpo tieso y encorvado es mi imagen del día.
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